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Ni leer abre la mente ni viajar cura el racismo: es una verdad a medias.

Hay saberes, voces y memorias que nunca tuvieron lugar en bibliotecas coloniales.

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Safia El Aaddam
sep 08, 2025
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“Sahara – Tassili N’Ajjer” Escritura amazigh que resistió la colonización. Foto: Thomas, CC BY-NC-SA 2.0

Soy de las generaciones de hijas e hijos de inmigrantes a cuyos padres se les criminalizó y se les anuló todo su conocimiento y sabiduría porque eran “analfabetos”. O porque “no sabían hablar”. A ver, hablar sí sabían. Pero alguien decidió que si esas lenguas no eran europeas, entonces no sabías. Claro: el saber y el conocimiento eran, aparentemente, europeos. Lo demás —la medicina de las mujeres indígenas, la astronomía árabe, los cantos en thamazight, los remedios de las campesinas— eran folclore, superstición o atraso. Así se justificó siempre el colonialismo.

Por eso AQUÍ también se destruyeron conscientemente bibliotecas enteras de libros escritos por árabes, musulmanes e imazighen. Por eso se destruyen escuelas en Palestina y en tantos países africanos. Por eso no se les deja prosperar. Y cuando un país no blanco lo hace, lo destruyen.

Porque el acceso a la educación nunca fue neutral: siempre fue campo de batalla. Sí, el conocimiento es importante, y precisamente por eso lo controlan, lo prohiben, lo limitan.

A veces recuerdo las caras de la gente cuando mi padre compartía conocimientos ancestrales: un “sí, sí” condescendiente en el mejor de los casos. Y nuestra incomodidad y vergüenza. O cuando él o mi abuelo contaban el colonialismo sobre el Rif y cómo rociaron las zonas con gases lacrimógenos. Claro, eso no estaba en sus bibliotecas. Ahora aparece Carlos Ríos creando un chupito de fortaleza con todas nuestras especias. Violeta queriendo sacar su propia marca de matcha. Y waw. Qué descubrimiento. En fin.

Leer por sí solo no te abre la mente. Te la abre si tú estás dispuesta. Si te has deconstruido o estás en ese proceso. Y depende mucho —o TODO— de lo que leas, y de lo que hagas con esa lectura. Entonces sí: bendita lectura.

Estos días he visto a muchísima gente reaccionar a una storie de María Pombo, que decía que leer no te hace mejor persona —o mejor que nadie— porque la criticaban por tener una estantería de libros que no se había leído. (Diosito, aléjame de defender a esta señora. Y Diosito, aléjame también de la nueva moda de decorar la casa con libros de viajes y marcas caras, como si fuera un escaparate de tienda). Pero

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